LA RESISTENCIA MÁS ALLÁ DE LA LEPRA

Vencieron a la lepra y combaten la indiferencia
Escribe: Marco Gamarra Galindo / Fotos: Eduardo Abusada y Marco Gamarra Galindo

Entrada antigua al Hospital Portada de Guía. En 1911 abarcaba el área de 26 mil m2.

En ese polvoroso terreno que ahora es, alguna vez funcionó el hospital más importante de Lima destinado a tratar la temida enfermedad de Hansen: la bíblica lepra. El famoso Hospital de Guía. El antiguo leprosorio de Lima. Allí, en la puerta de la última casa que aún se dibuja en el horizonte, destaca la figura del ‘Caudillo’. Su cuerpo, testigo de innumerables batallas, descansa breve y plácidamente en una silla de paja, casi tan antigua y digna como la misma causa que lo mantiene vivo. Es solo un reposo en el enfrentamiento que por dignidad, y ahora por agua y luz, mantiene contra fríos y despreocupados burócratas desde hace casi cuarenta años.

Serafín Vásquez, hoy de 68 años, se ganó el título de líder en 1977 al abanderar el atrincheramiento de los pacientes del mal de Hansen en las instalaciones del lazareto de Guía, ubicado en el distrito de San Martín de Porres, ante la decisión del ministro de Salud de la época de disponer la clausura definitiva de ese establecimiento hospitalario.

La medida significaba dejar en situación de abandono y desamparo a pacientes que carecían de vivienda y cualquier otro tipo de recurso para continuar con el tratamiento de la enfermedad. La gran mayoría de ellos, como Serafín, provenían del interior del país por lo que no contaban con familia que pudiese apoyarlos, y mucho menos con recursos económicos.

“Emprendimos una lucha tremenda contra todo tipo de injusticia y hostigamiento que venían de las propias autoridades de salud, encabezadas por el director del hospital de esa época, que estaba interesado en vender el terreno. Para ello necesitaba deshacerse de nosotros”, explica Serafín, quien había llegado a Lima en los efervescentes años 70’s proveniente de San Pablo, conocido leprosorio ubicado en la frontera con el Brasil, por recomendación de uno de los médicos que lo atendía.

“En un comienzo ocupamos el predio unos seis expacientes, pero con el paso de los meses fuimos acogiendo a varios más que venían siendo dados de alta indebidamente en la Unidad de Enfermedades Tropicales del Hospital Cayetano Heredia. Hoy ya muchos nos han dejado físicamente”, comenta apoyado en sus rústicas muletas.

Don Serafín Vásquez vino de la selva. Por el mal de Hansen perdió los dedos de la mano. La pierna la perdió posteriormente luego de hacer superado a la lepra. Sigue en la brega.

EL MALESTAR LO SENTÍ DESDE UN COMIENZO

Desde que ingresó como paciente al Hospital de Guía en 1970, Serafín Vásquez identificó una serie de problemas que lo hicieron chocar con una realidad impensada para quien llegaba, con sueños y esperanzas, a un lugar nuevo y promisorio. “El trato equivalía al de un prisionero. Teníamos prohibido todo contacto con la gente sana y con el exterior”, recuerda mientras nos conduce por una serie de ambientes del hospital que antiguamente estaban rodeados por jardines y plantaciones de frutas, de los que quedan solo unas raíces secas. No está llorando, pero involuntariamente sus ojos, por alguna razón, se rebalsan. En las lagunas de sus cuencas se adivina la lucha de otros tiempos, cuando el Hospital de Guía era una belleza arquitectónica. Como lo fue aún antes de la llegada de Serafín, cuando un muchachito de barba rala, que luego sería conocido como Ernesto ‘Che’ Guevara, con el rango de “comandante” para más señas, llegó a este lugar a ejercer la medicina y pasar una temporada. El Hospital de Guía se construyó cuando el Ministro Plenipotenciario y Cónsul de Francia en el Perú, Don Edmond De Lesseps -primo de Ferdinand Lesseps, constructor de los canales de Suez y de Panamá- fundó en 1860 la Sociedad de Beneficencia Francesa (La Maison de Santé) edificándose el hospital para el aislamiento de los enfermos de fiebre amarilla. Con el paso de los años y entrado el siglo XX, el Hospital de Guía se convirtió en el Lazareto de Guía. Sin embargo, para Serafín la lucha continúa.

El problema también pasaba por la alimentación. Reducida y pésima. “El administrador del hospital nos hizo creer que el Ministerio de Salud había recortado el presupuesto de alimentos frescos para el hospital, cuando en realidad él se lo gastaba en collares de oro y plata y en autos del año”, relata, evocando en su rostro quizás la misma indignación que sintió en el preciso momento cuando descubrió la mentira. “Lo que hice inmediatamente fue presentar la denuncia en los medios de comunicación y estalló una bomba que terminó con la encarcelación temporal del administrador”, cuenta. Ahora le faltan varios dedos y una pierna, pero le sobra memoria y coraje para seguir indignándose como aquel día.

El Hospital Portada de Guía fue construido aproximadamente en el año 1860. A pesar de su valor histórico y de reliquia como patrimonio cultural, las autoridades no hicieron nada por preservarlo. De su antiguo esplendor arquitectónico, no queda casi nada.

SIN SERVICIOS BÁSICOS
Una vez clausurado el hospital, los últimos expacientes permanecieron allí, a la fuerza. Simplemente se quedaron. Por su parte, el Ministerio de Salud transfirió en propiedad el inmueble a la Superintendencia de Bienes Estatales (SBN), que comenzó a vender varias hectáreas del terreno. Desde ese momento, Serafín Vásquez y otros diez valientes se encuentran en situación de gran precariedad, expuestos a contraer enfermedades. A la buena de Dios.

Sobreviven agenciándose algunos ingresos vía el alquiler de parte del terreno como cochera. “Lo que deseamos es vivir dignamente y que el terreno se convierta en un centro de rehabilitación del mal de Hansen”.

La titularidad del predio ha sido finalmente transferida a la Municipalidad de San Martín de Porres. Ello, a la larga y también a la corta, no ha significado mayor cambio en las condiciones de vida –paupérrimas y preocupantes– de los expacientes. La gestión del Alcalde Freddy Ternero, alega Vásquez, mantiene la indiferencia hacia ellos. Los ha olvidado. Los ha invisibilizado.

Serafín y compañía se resisten a salir de sus viviendas. La Municipalidad de San Martín de Porres intenta desalojarlos sin una orden judicial. A la mala. De cualquier manera. Y les juega chueco. Tanto que “desde ya hace unos años nos vienen recortando el agua en represalia a que nos hemos opuesto al desalojo. Asimismo, nos han endosado una deuda por consumo de agua que no es nuestra. El agua la estamos comprando por galones a particulares”, se inflama el aguerrido Serafín.

La falta de acceso al agua potable ya ha generado estragos. Hemos tomado conocimiento por los expacientes que aún viven allí que al menos cuatro de ellos ya han fallecido. Y es que, en verdad, el corte del agua es una condena a muerte.

Así es como tienen que almacenar el agua los actuales residentes del Hospital Portada de Guía y sus familias. Los expacientes son personas ya mayores, muchos con dificultades para movilizarse, y tienen que vivir sin agua y preparar sus alimentos en condiciones deplorables (Foto tomada en junio de 2014).


VAMOS, FREDY, ¡SÍ SE PUEDE!
Con mejor criterio, la Municipalidad de San Martín de Porres podría invertir en rescatar el hospital, asegurando ante todo que las personas que se encuentran viviendo en sus instalaciones lleven una vida digna. Después de todo, Fredy Ternero lo sabe mejor que nadie: ¡Sí se puede!


EL ‘CHE’ PISÓ EL MISMO SUELO
Ernesto Guevara, el ‘Che’, habitó una modesta casita que aún existe dentro del hospital. Conoció el leprosorio a través de su amigo personal, el Dr. Hugo Pesce, Director de Lepra del Ministerio de Salud de ese entonces. Empedernido estudiante de medicina, el Che asistió y cuidó a varios de los pacientes del hospital de Guía durante su paso por el Perú en 1952.


Parte posterior y frontal del cuarto que ocupó el ‘Che’ Guevara. Ahora es ocupado como  vivienda.

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