AFP: UN SISTEMA PERVERSO

Radiografía de una estafa
Escribe: Dennis Falvy (economista)

Luego del autogolpe de Alberto Fujimori en 1992, el soporte de Carlos Boloña fue fundamental para el sistema de las AFP en el Perú, que fue un calco abusivo del instaurado en Chile. El exministro de Trabajo en aquel entonces, el economista Jorge Gonzáles Izquierdo, también se metió en la colada. Comandó sin éxito la AFP El Roble. Asimismo, los periodistas Humberto Martínez Morosini y Raúl Vargas de RPP, salieron a vendernos en diversos avisos y medios de comunicación el mecanismo como una panacea. Lo máximo maximorum. Un montón de incautos fueron entonces afiliados por un ejército de vendedores. Y claro, en un lapso relativamente pequeño, llegaron a registrar 5 millones de trabajadores dependientes. Todo un boom. Presionaron para liquidar a la ONP, pero por angas o por mangas, no pudieron.

Durante los más de veinte años que viene durando el sistema, nos atosigaron con las visitas regulares de otro exministro de Trabajo: el chileno José Piñera Echenique, padre de la criatura; quien se despachaba a su gusto sobre las maravillas del sistema, no señalando las diferencias de formalidad laboral y bancarización entre los dos países.
Existíamos unos pocos que mostrábamos su perversidad. Y señalábamos que más favorecía al mercado de capitales que a los trabajadores. De nada servía que advirtiéramos que el cobro de más del 30% adelantado por comisiones y seguro era una barbaridad. El sistema siguió viento en popa.

El economista Caros Boloña Behr, quien fue ministro de Economía del expresidente Alberto Fujimori, fue uno de los impulsores del sistema privado de pensiones de las AFP. En el 2005 fue condenado por actos de corrupción. Foto: Diario La República.

Quedaron entonces cuatro AFP que se repartían utilidades y pagaban jugosas remuneraciones a sus directivos. Luego, con este gobierno se promocionó el tema de la reducción de comisiones. Una primera licitación fue calcada del sistema chileno y pretendía que entrara competencia al mismo, ofertando comisiones más bajas y asegurándole dos años de “exclusividad” para los nuevos afiliados. La ganó Habitat, una AFP chilena. A su vez, una promocionada comisión por saldos en lugar de la vigente que se cobra por adelantado, perdió por goleada. No fue entendida. Los de las AFP le hicieron la contra campaña con Luis Valdivieso, jubilado del FMI, exembajador y exministro de Alan García, despachándose a su gusto y, por supuesto, con la aquiescencia de varios medios de comunicación.

Como el lobby empresarial quería más billete y millones de afiliados ya no aportaban, se introdujo hace un año a todos los independientes menores de 40 años compulsivamente al sistema. Al desatarse las obvias protestas, se postergó el inicio, señalando que el aporte al ahorro forzoso empezaría con 2.5% para llegar en 4 años al 10%. Pero las protestas siguen a flor del día y ha llegado hasta a generarse un tuit de la Primera Dama a fin de que se suspenda y, eventualmente, se derogue el aporte. El caso es que los defensores del sistema señalan que el independiente promedio tiene que ahorrar para su vejez y no ser una carga para el Estado. Lo insólito es que los chilenos acaban de postergar la obligatoriedad para sus trabajadores independientes por sexta vez y el gobierno de la presidenta Bachelet está propiciando financiar con los saldos de los afiliados, que ya no aportan, una nueva AFP estatal con el objetivo de regular las enormes comisiones que cobran en el sistema, amén de que al haberse alargado la esperanza de vida, ya se está reconociendo que las pensiones son muy bajas y que por ello habría que aumentar el aporte, aunque a cargo del empleador, e incluso llevar la edad de jubilación a 70 años.

El economista José Piñera Echenique, conocido como uno de los ‘Chicago boys’, es el creado del sistema de AFP en Chile, el cual hizo agua por todos lados.

En el ínterin, por comarcas peruanas, han ocurrido al menos dos cosas saltantes, o mejor dicho, los sufridos aportantes han notado dos situaciones peliagudas. Primero, la gente ha tomado nota de que las pensiones son muy malas, pues los años de aporte y el monto en función de los ingresos son las variables que hacen importante a la pensión y no la supuesta “maravillosa rentabilidad” que ha engañado hasta a PPK, quien de hecho y tal vez por flojera, no ha pedido a sus asesores que le hagan cálculos. Y segundo y más grave que lo anterior, es la no disponibilidad de todo el dinero acumulado cuando se cumplen los 65 años. En un reciente programa televisivo, preguntado un defensor acérrimo de las AFP por un conductor atarantador si uno podía tomar parte del dinero para tratar una enfermedad terminal de un pariente cercano, la respuesta fue brutal. Dijo que de ninguna manera, pero que tal vez se podría utilizar el dinero acumulado como garantía para un préstamo bancario. Qué bárbaro, ¿no? Ah, y es menester señalar que el gobierno de Humala, que dice que le sobra la plata, ya se ha metido al bolsillo, mediante la emisión de Bonos Soberanos, parte del dinero del fondo de los trabajadores en un monto de casi un 20%, lo que no es nada despreciable. Lo paradójico es que gran parte de ese dinero ‒y en varias oportunidades‒ se ha utilizado para gastos corrientes.

Permítaseme, asimismo, señalar algunas cosas que quedan en el aire cuando personajes del sindicato de las AFP o de una consultora privada ligada a sus propios intereses sale en los medios de comunicación a tratar de convencernos de que este sistema de ahorro previsional compulsivo es “bueno para el país”. En primer lugar, comparar este con el sistema público de antaño no es lícito, pues callan en todos los idiomas que las pensiones tanto del Seguro del Empleado como las del Fondo de Jubilación Obrera eran de orden tripartito (trabajador, Estado y empresario); y que lo que aportaba el trabajador no llegaba ni siquiera al 2% contra el 13% que resulta ahora. En consecuencia, solo por lo mencionado los sistemas son incomparables y, además, en aquellas épocas la inflación y las devaluaciones de la moneda eran incontenibles.

Un segundo tema es que esos defensores dicen que “no es bueno que los trabajadores no ahorren”. Al margen de que muchos sí lo hacen, como lo ha señalado el Dr. Richard Webb al señalar la cantidad de inmuebles y negocios que han aflorado en el país, uno se pregunta el porqué de si estos buenos señores están tan preocupados, no protestan por el hecho de que hayan proliferado más de 21 millones de tarjetas en el mercado peruano, 8 millones de ellas de crédito. Y por propia boca de la SBS, las transacciones mensuales hasta el año pasado eran de S/. 18,000 millones por mes.

El periodista de RPP, Raúl Vargas, viajó hasta Holanda para grabar un extenso comercial publicitando las «bondades» de AFP Integra y fue imagen de dicha entidad.

En consecuencia, el argumento del ahorro forzoso se cae por sí mismo, amén de que no hay ningún estudio serio que haya sistematizado cómo son las características de este sector de trabajadores independientes de menos de 40 años, así como la clamorosa falta de análisis e investigación del sector laboral informal, que no solo responde a aquellos que jamás figuran en planillas por su propia idiosincrasia y por pertenecer a la “ economía subterránea”, sino porque a cada momento los gurús opinólogos que salen en los medios, dicen que muchos empresarios, para evitar las cargas sociales, obligan a gran parte de sus trabajadores dependientes a fungir de independientes.

Es lógico, además, colegir la enorme hipocresía del Gobierno al haberle dado pase a esta ley compulsiva para los independientes y a favor de las AFP y de quienes se financian con los recursos de los trabajadores, cuando el verdadero problema es la “Informalidad” que está ligada al no pago de impuestos y que muchos estiman en un número mayor del 50% de trabajadores de la denominada Población Económicamente Activa (PEA).

Por lo tanto, el asimilar a los independientes a las AFP solo tiene como motivo que estos mercantilistas de las AFP, que se vienen llenando los bolsillos por dos décadas sin riesgo alguno, ganen más dinero y que se amplíe el mercado de capitales para que los allegados a los que manejan las AFP, y que cumplen los requisitos de calificación y riesgos inventados o copiados por ellos mismos, sean un canal cada vez mayor para conseguir dinero oportuno y barato.

La página web de AFP Habitat en el Perú ya te afilia con tan solo un click.

Tal vez para terminar valga la pena agregar un ejemplo de lo que ya es el colmo de este sistema que funge de protector y que señala la irresponsabilidad del trabajador independiente hacia el ahorro y por ende al despilfarro. En la famosa Renta Vitalicia que es una de las alternativas que se tiene cuando uno llega a la edad de jubilación, uno “vende” su fondo acumulado a la Compañía de Seguros, normalmente ligada a la AFP; y mediante una serie de cálculos, supuestamente recibe una pensión hasta su fallecimiento. Preguntado el Presidente del Sindicato de las AFP en la TV sobre “qué sucedía si por esos azares del destino, luego de que el trabajador optara por esa modalidad, fallecía”, al defensor acérrimo de las AFP solo le quedó afirmar que la Compañía de Seguros se quedaba con toda su plata, pues eso es lo que la ley señala. Sin embargo, en otro programa posterior se corrigió y afirmó que esta pensión sí cubría a los hijos menores de 18 años y a la pareja. En, rigor la Renta Vitalicia se calcula en función del monto acumulado, de la tasa de mortalidad y de la estructura familiar del pensionista; y su característica es que una vez que se fijó es invariable. Claro que puede ser pactada en dólares, pero ignora los problemas inflacionarios de las monedas en cuestión, que a lo largo de los años de hecho se pronuncian.

A partir de esto y tantas otras cosas, como el pedir que se subsidie en parte el aporte de los trabajadores independientes, no solo hay que derogar el aporte compulsivo de los mismos (aunque en el colmo de la desfachatez la Primera Ministra haya señalado que ellos no podían hacerlo desde el Ejecutivo, pues entonces la AFP Habitat les hacia juicio. ¿Qué cosa?), sino que se hace imperativo revisar el sistema a fondo, dejando de lado esa tontería de que este es mejor que el sistema de reparto de la ONP. A la fecha y como hemos redundado en este artículo, los únicos favorecidos son los accionistas de las AFP, una elite de directivos y trabajadores, y los que se financian con el sistema que no sólo es el Gobierno, sino también una serie de empresas allegadas a las mismas AFP.

La perversidad del sistema ‒y pese a sus mejores condiciones del mercado laboral‒ ya se muestra en Chile, ¿qué esperamos nosotros para una discusión a fondo de sus “maleficios”?.

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