EL DESAFÍO PARA LA ECONOMÍA PERUANA

En esta entrega, el economista Dennis Falvy nos señala que dejó de creer firmemente en la Economía por la absurda forma en que se midió la hiperinflación en la época del primer gobierno de Alan García y en el fenómeno sucedido en 1990, por el cual luego de que la gasolina subiera en 5 meses casi en 50 veces, aquí no pasó nada. El autor señala, entonces, que las explicaciones para paliar la pobreza y buscar el bienestar del país con sus diversas regiones, están más allá del ámbito económico. En romper la condición ceteris paribus y en entender que el diálogo y la democracia extendidos, sin tomar en cuenta idiosincrasias y sentires, hace que se vaya de fracaso en fracaso, tal como ha sido la historia recurrente en nuestro país.

Por Dennis Falvy

Dentro de una serie de sucesos que me impactaron en el tema de la Economía, quiero tan sólo darle importancia a  dos: a) La hiperinflación siniestra del primer gobierno de Alan García; y, luego, b) En 1990, la subida de casi 5,000% en el precio de las gasolinas. Ambos sucesos me enseñaron que eso que se llama “expectativas” —y que en el primer curso de Introducción de la Economía de casi todas las universidades del mundo se enseña como   la condición “Ceteris Paribus”—, cuando toma relevancia, se trae todos los evangelios por tierra. Esta condición asume que las expectativas son prácticamente inmedibles y, por ende, no son tomadas en cuenta como una variable que afecte, por ejemplo, al consumo.

UN SUSCINTO ‘RECORDARIS’ 

Luego de la estatización bancaria, que promulgó Alan García en un mensaje en el Congreso por las Fiestas Patrias durante su primer gobierno, según las malas lenguas porque los ‘doce apóstoles’ empresariales le habían fallado, el país dio un giro de decenas de grados. Y el “joven” García retrocedió en su decisión. De allí su prestigio se fue al agua. Dionisio Romero y sus secuaces lo hicieron leña. Por ello, tal vez, cuando lo tratamos de convencer en Palacio —ante un whisky y unos quesos y la compañía de ese maravilloso broadcaster que era Héctor Delgado Parker— de que tenía que abrir el comercio exterior y, por ende, reducir aranceles y prohibiciones (además de subir la gasolina que estaba en el absurdo precio de 10 centavos  de dólar el galón), la respuesta del entonces presidente fue instaurar una cuasi copia argentina de un impuesto a los cheques; así como crear un mercado único de cambios (MUC) con un tipo de cambio bajo y bastante diferenciado de un mercado paralelo, con el fin de usarlos en la reactivación de la economía. Ello fue un craso error.

Y VINIERON LAS ELECCIONES

Y así llegamos con una crisis hiperinflacionaria a las elecciones del año 1990. La parafernalia y terror que causó la propaganda electoral del shock y la apetencia incontenible de los aspirantes al Congreso liquidó al Fredemo (de Mario Vargas Llosa). A esto se sumó la percepción de un derroche inusitado de dineros en todo tipo de propagandas de los aspirantes al Congreso de esa agrupación  y entonces, surgió un  criollo japonesito desconocido que decía que el país de sus ancestros nos ayudaría. Su lema era: “Honestidad, Tecnología y Trabajo”. Además, era ayudado por los evangelistas. Ese desconocido en política arrolló al hoy premio nobel Vargas Llosa. “¡No shock!”, era su irresponsable grito de batalla. Pero ante los miedos y temores, al pueblo peruano le encanta engañarse y tener fe; suele creer que algunos de los dioses del Olimpo son peruanos y que el mendigo sentado en el banco de oro no es una mera ilusión.

Y… FUJIMORI PERPRETÓ EL SHOCK NEGADO

En agosto, ya con Fujimori de presidente —el otrora japonés desconocido en política—, vino el shock con su “que Dios nos ayude”, apoteósica frase pronunciada por el ministro de economía Juan Carlos Hurtado Miller, cuando en mensaje a la Nación anunció la aplicación de las medidas tan ardientemente negadas en campaña. Pero ese “Fujishock” de agosto de 1990, no derrotó a la inflación. Pues ese enorme ‘gasolinazo’ del 3,000%  —incluido entre las medidas tomadas— y la suba de precios no habían contemplado una fuerte devaluación de la moneda nacional, que era lo recomendable técnicamente para adelantar y luego fijar por un lapso el valor del dólar. Se supone que ese fue el asesoramiento que le dieron al Fujimori electo personajes como Hernando de Soto, Pérez de Cuellar y los economistas que se reunieron con él en los Estados Unidos, antes de asumir el mando, dejando de lado el asesoramiento y consejo de economistas de la talla de Adolfo Figueroa de la Universidad Católica y Santiago Roca de Esan.

En ese contexto, Fujimori, además, había determinado que el impostergable shock no conllevara una fuerte devaluación pues tenía conocimiento que la gente del Fredemo había apostado a ello y por lo tanto a tener ganancias extraordinarias. Así que se le encargó a Esteban Hnyilicza —quien hasta fue investigador del MIT— que examinara los ajustes correspondientes liderados por un fuerte ajuste en el precio de los combustibles; y de allí salió esa enorme variación en los precios del 3,000%.

LA PRIMERA RIÑA

Pero, como señalé anteriormente, ¿dónde está entonces mi primera riña con la economía? Aunque lo he explicado muchas veces, la hiperinflación que asoló al primer gobierno de Alan García, medida por el INEI, fue falsa. En rigor, tuvo unos enormes márgenes de error en su medición. ¿Por qué? Pues la misma se midió por el índice de Laspeyres. El que suponía una canasta promedio de consumo para los limeños de varios ítems, e incluso desagregados. Pero ojo, pare, cruce y tren. La medida de la inflación solo estaba dada por los precios que se recolectaban con muestras estadísticas. Las cantidades se suponían fijas. Entonces, si el pollo subía y la demanda bajaba, Laspeyres seguía midiendo la misma cantidad y por supuesto ignoraba la sustitución del pescado, carne de vacuno o sencillamente el no consumo del pollo. El problema adicional es que, como se medía mes a mes y se decía “la inflación es 40% por mes”, la mayoría de los formadores de precios oligopólicos y protegidos por la falta de competencia, al estar prohibidas muchas importaciones o aranceles prohibitivos, pues indexaban a esa inflación los precios de sus productos, sin que necesariamente los costos estuvieran involucrados en la magnitud del índice inflacionario. Toda una salvajada.

Allí, Alan García perdió su mejor momento para liquidar los ímpetus de los economistas del Fredemo, que obviamente sabían lo que pasaba, pero querían llegar y hacer las correcciones pertinentes, pues valgan verdades se creían fijos. Así que Fujimori ganó, sin saber leer ni escribir. Y tuvo la suerte de contar con Hernando de Soto, quien incluso le vendió la idea de la “doctrina Fujimori”; es decir, la sustitución de cultivos para paliar la coca. Pero claro, nadie sabía que allí, entre bambalinas, estaba el siniestro Vladimiro Montesinos cavilando, susurrando y metiéndole miedo y ensimismando al presidente.

LA OTRA RIÑA

El otro suceso que me desencantó de la economía, fue el gasolinazo arriba mencionado. Elegido ya diputado en la primera vuelta, un grupo de políticos nos citó a un café miraflorino. Como llegué temprano, divise a corta distancia en otro café a Esteban Hnyilicza y a Martha Rodríguez. Dos reputados economistas académicos. Al acercarme, tomé nota que la discusión entre ellos era respecto a cuánto había que subir la gasolina; pues como ya he señalado, Fujimori no quería saber nada de subir ostensiblemente el tipo de cambio y por ende el ajuste tenía que ser mediante un ‘gasolinazo’. Ambos economistas discutían si la subida sería de 10 o 20 veces. Yo, que estaba consciente de que el entonces presidente venezolano Carlos Andrés Pérez había sufrido un “Caracazo” por una subida mucho menor, me quedé preocupado.

Y SE VINO EL SHOCK

En agosto de 1990, Hurtado Miller, como ministro de Economía, subió la gasolina 3,000%. Pero para que no haya duda de que la economía sola no explica nada, entre vírgenes que lloraban y con el escándalo de Alan García por el suceso en los penales, tan sólo a pocos meses, se subió la gasolina en diciembre en 60% más. Es decir, 1,800% respecto a ese 3,000% de agosto. En tan sólo 5 meses la gasolina había subido casi 50 veces. Y… no pasó nada.

¿CÓMO ENTONCES CREER EN LA ECONOMIA?

Pero dejemos la enorme decepción que ha sido Fujimori, que para mí jamás debió ser encarcelado por el tema de autoría mediata; aunque sí se birló unos cuantos millones, pese a que sus adeptos (como los son todos los fanatizados y convenidos) inventen diversas argucias para decir que el tipo es más honesto que el Papa.

El tema es: ¿Cómo medir la Economía? Demás está decir el arraigo de los Estados Unidos, quienes en esa famosa  y emblemática reunión de Bretton Woods, en las postrimerías de la Segunda Guerra, lograron vía el subsecretario White, implantar no solo a las hermanas del FMI y Banco Mundial, sino que el dólar fuera reconocido como la moneda universal fijando una paridad de US$ 35 la onza troy y destrozando la tesis del notable John Maynard Keynes, que quería una canasta de monedas que él llamaba Bancor. El caso es que luego de la implantación del Plan Marshall y la reconstrucción de Europa y el Japón, además de la siniestra guerra de Corea y, por ende, la Guerra Fría, se implantó el monitoreo del FMI para la mayoría de países en desarrollo. Luego vinieron  una serie de “accidentes” como fue la lucha de De Gaulle contra el dólar (el famoso “Snake”). En el año 70, luego de la cuadruplicación de los precios del petróleo, se suscitó la flotación del dólar que el presidente Nixon tuvo que admitir al no llegar a establecer un acuerdo monetario y la caída posterior del Muro de Berlín. Esto encontró a países endeudados, ‘Planes Brady’, ‘Acuerdos de Washington’ y esquemas de privatización, que dieron síntomas de prosperidad y enmarque de un modelo que basaba su devenir en la medición del crecimiento del PBI y en las cuentas gubernamentales en azul monitoreadas por el FMI. Así, Chile fue entonces considerado emblemático, pese a su gobierno militar, por su enorme crecimiento de su economía y liberalidad.

EL MODELO PERUANO

El viraje que Fujimori le dio a la Economía fue muy fuerte en el Perú. El país, con los enormes recursos provenientes de la privatización de las empresas públicas (unos US$ 12,000 millones) , miró a lo lejos las crisis mexicana, la de divisas del  subcontinente asiático y los problemas que suscitaba la creación del Euro. Pero el problema político y de poder empezó a mostrar sus aristas y se suscitaron diversos aspectos que involucraron el desmanejo económico y la caída posterior del régimen de Fujimori.

EL DEVENIR

Vinieron entonces dos gobiernos más, el de Toledo y el segundo de Alan García. Y el PBI pasó a ser la estrella de la Economía dado su constante crecimiento en el tiempo. Pero la crisis subprime del año 2008 trajo ajustes del lado de los Estados Unidos, quienes optaron por una flexibilización monetaria (Quantitative Easing Money) de miles de millones de dólares, lo que al comienzo dio una sensación de bienestar, pero que con el tiempo ha incidido en la baja de los precios internacionales de los commodities. Con el gobierno de Ollanta Humala, que trastocó su plan de la “Gran Transformación” por una “Hoja de Ruta”, al comienzo la mediatización de la Economía no se sintió, pero a raíz de la falta de decisión para las inversiones mineras y la direccionalidad que este gobierno le dio al asistencialismo social, dicho PBI ha bajado a niveles del 2%.

LA ACTUALIDAD

Me tomaría un enorme espacio explicar, razonar y motivar lo que viene pasando en el Perú con su Economía y esta entrega solo ha tratado de enmarcar de manera somera algunos aspectos del pasado, para situarnos en la presente propuesta. Así, por ejemplo, el economista Richard Webb, en uno de sus recientes libros y columnas, ha magnificado la enorme diferencia de lo que muchos creen que pasa en las regiones llevados por sus teorías y creencias de escritorio. Dice él que las economías de las provincias emergen de una manera clara y continua ante el impacto de las comunicaciones y la tecnología. ¿Hasta dónde llegaran? Nadie lo ha investigado aún, pero de hecho su desenvolvimiento se aparta de los cánones establecidos, de la medición clásica macroeconómica a que estamos acostumbrados. Esto es: crecimiento del PBI, balanza de pagos positiva, ratio de presión tributaria, endeudamiento, bancarización, reducción del desempleo, reservas internacionales y morosidad bancaria,  entre otros.

El actual gobierno ha fracasado. Habló demasiado y ofreció  de todo, pero ha hecho muy poco. Peor aún, privilegia megaproyectos que no se conoce  aún cómo se van a financiar. Ha acostumbrado a la población a un asistencialismo absurdo, como es el subsidio del gas, alimentos selectos  y créditos educativos. Y cada vez asigna más dineros en función de sus pretensiones políticas, descuidando por completo la regulación y permitiendo, por ejemplo, un excesivo endeudamiento privado externo bancario (US$ 25,000 millones) y créditos de consumo muy amplios,  como nunca ha existido en la historia  del Perú.

Pero lo que más me llama la atención, es que los supuestos candidatos para el 2016 solo se atienen a decir que hay que doblar el crecimiento del PBI y eliminar la tramitología, cuando no a despotricar de terceros y ofrecer sandeces. Es decir, postulan que la Economía, que es la que administra la escasez y la abundancia, es tan sencilla de manejar como una empresa privada cualesquiera. Eso no es así. La misma tiene que levantar la condición “ceteris paribus”. O sea, darle peso e importancia a una serie de variables que les hace a los pobladores peruanos, que por más que se les quiera uniformizar y comparar a otros en el mundo, tienen sus propias características, ideas e idiosincrasias. Por ello, es que no creo en la macroeconomía, tal cual ha sido impuesta por los países alineados en el G-8. En consecuencia, es que concibo que la democracia sea casi imposible de aplicar, como la entendían, por ejemplo, los atenienses en la civilización antigua. Hoy la democracia se sustenta en que los que menos tienen  piden que en el más corto plazo posible se le solucionen sus problemas económicos y hasta vivenciales. Y esto lo ofrecen los políticos irresponsablemente y sin empacho alguno. Y cada vez más irresponsables, entran en este jolgorio.

Las diferencias y criterios existentes en el Perú, suponen en realidad una élite (incluso provincial) que explique y reciba sugerencias, pero no diálogos de igual a igual. Eso confunde y politiza casi todo. Por eso, creo que el esfuerzo profesional, técnico, de experiencia o de imaginación; y, por ende, el trabajo en equipo, es la única forma de desarrollar la economía peruana tan llena de cosas maravillosas para explotar y producir, pero también tan cargada de trabas que le impiden su crecimiento y repartición de bienestar.

He allí el desafío para un próximo Gobierno. ¿Habrá alguien que lo crea así?. Por lo que se ve hasta el momento, incluso tenemos   candidatos que dicen cosas tan absurdas y solo de marketing  que la verdad hacen temer que en las próximas elecciones se volverá a ofrecer el oro y el moro.  Esperemos,  sin embargo,  que el electorado haya aprendido y madurado. Ya son muchas veces las que se ha equivocado. Tengamos fe y esperanza. Hay un enorme desafío para adaptar la Economía a una realidad tan compleja como la peruana. Que tiene recursos privilegiados, sin duda alguna.

Comenta en Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *