Las redes sociales y las barras bravas

«No hay diferencia entre el comportamiento de las barras bravas en los estadios y la mancha de tuiteritos(as) que agreden gratificados por la absoluta impunidad y, muchas veces, por la cobarde comodidad del anonimato».

Por Aníbal Quiroga León

Quizás el invento más espectacular en la era moderna sea el telégrafo, porque —por primera vez— permitió la comunicación a la distancia, sin desplazamiento, utilizando una tecnología (rudimentaria, pero tecnología) y sobre la base de impulsos eléctricos que se tradujeron en una alfabeto llamado “morse” con el cual los hombres y las mujeres pudieron transmitir sus ideas, pensamientos, noticias y acontecimientos a la distancia, facilitando la cultura, la industria, el comercio y la guerra. Abandonamos el humo, el cuerno, los tambores, las palomas mensajeras o los chasquis.

Del telégrafo siguió el teléfono que permitió trasladar sí electromagnéticamente conversaciones en tiempo real a pesar de la distancia. Luego la radio, que masificó la comunicación social, y de allí, a poco más de una centuria, la televisión, que trasladaba comunicaciones e imágenes —en tiempo real— de los unos y los otros. De la masificación de la caja boba vino, inevitablemente, el almacenamiento masivo de datos en computadoras, para proseguir con el traslado de esos datos entre los unos y los otros a través del Internet. Y de allí a la web.

El surgimiento de las redes sociales fue el ineludible siguiente paso para llegar a la globalización de la comunicación a través de las redes sociales, bien sea en pc’s, en laptops, táblets y los celulares —esa mixtura de teléfono inalámbrico y pequeñas pc’s— que casi lo pueden todo. ¿Qué seguirá? Probablemente la comunicación holográfica permitiendo tele-presencia tridimensional.

Mientras eso llega ineluctablemente, las redes sociales nos han creado espacios cibernéticos de múltiple comunicación interpersonal a pesar a la distancia. No hay biblioteca, universidad o institución que no se pueda consultar, y todos pugnan por tener presencia para el acceso del conocimiento público. Se dictan clases, conferencias y se hacen reuniones a diario por Internet, facebook, skype, hangout, snapchat, etc. Y la gente puede, casi sin límite, expresar al instante sobre todo lo que acontece a su alrededor, sea familiar, social, amical, deportivo o político, por más absurdo, trivial o doméstico que sea. El twitter permite que todo el que lo desee siga algo o a alguien y le expresa, sin reparo, lo que piensa sobre cualquier cosa, no siempre con acierto, no siempre con ponderación, no siempre con mesura y, sobre todo, no siempre con verdad bajo el convencimiento (y seguridad) de que al instante, de un enter, todos podrán leer y opinar sobre sus opiniones.

El mundo se ha achicado y las distancias se han acortado. También las clases sociales y económicas, ya que la tecnología está prácticamente al alcance de todos en el orbe. El problema ocurre, casi inevitablemente, cuando esa facilidad y tecnología se mal utiliza sacando lo peor del alma humana, sea de hombres o de mujeres, cuando en las redes sociales se actúa como tal, como lo hacen hordas de seres posesos y violentos, ocultos en el cobarde anonimato o en la facilidad del insulto, la injuria, la vejación, la difamación, el agravio o la mentira. No hay diferencia entre el comportamiento de las barras bravas en los estadios y la mancha de tuiteritos(as) que agreden gratificados por la absoluta impunidad y, muchas veces, por la cobarde comodidad del anonimato.

De allí al uso de esta misma tecnología por el crimen y sus principales agentes, o por quienes pretenden resurgir la lucha armada como vía política en la sociedad, hay un solo paso. Solo es cuestión de una tecla más.

[Nota: Toma de revista Velaverde del 06.10.2016]

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