LES GENIECILLOS

Los geniecillos son seres que se consideran privilegiados. Creen que han nacido hablando. Tienen un narciso que se lo pisan y andan por la vida derrochando su saber hacia los profanos que se limitan a beber de él sabiduría, doctrina, enseñanzas y ponderaciones.

Por Aníbal Quiroga León

Los hay en toda latitud. Y los hay de todas layas. Los hay de todos tipos, colores y sabores. Hay quienes pasan por la universidad pretendiendo enseñar a sus profesores, reformando la propia universidad y haciendo de su ciencia una herramienta del culto a la personalidad. En verdad, de lo único de lo que hacen gala es de una soberbia que les impide ver sus propias limitaciones, ya que los geniecillos carecen de limitaciones. Son semidioses. ¡Ah!, por cierto: los geniecillos pueden ser hombres, mujeres o de cualquier opción. Por lo tanto, también hay geniecillas. No es atributo sexista.

El geniecillo no reconoce a un superior intelectual: él es superior a todos los demás, él es el capo di tutti capi, el ya no ya, el non plus ultra, el Periquito Pin Pin. Solo él puede ser referente, faro y guía hacia los demás. El geniecillo nació para mandar y ser obedecido.

Cuando escribe fulmina a todo el que no piense como él, a quienes no aplaudan a rabiar sus escritos o nos los posteen, aun si contienen yerros, elucubraciones, especulaciones o errores fácticos. El geniecillo jamás se equivoca; por lo tanto, jamás admite un error y menos aún se disculpa. Solo, como los dioses del Olimpo, fulmina y, de paso, si puede, insulta. Eso queda mucho mejor. Y, cuando de colegas se trate, el geniecillo no se sentirá vinculado a las leyes de la cordialidad, la consideración, la lealtad o el respeto. Eso será para la plebe intelectual.

Cuando habla pondera, juzga y concluye. Se vestirá con saya de humildad que pronto develará la verdadera dimensión de su ser. Si no estás de acuerdo conmigo, no solo caerás del paraíso de mi simpatía y no solo serás irremediablemente expulsado de mi pléyade de seguidores, sino que automáticamente habrás sacado el carnet de mi enemistad. Es devoto de la expresión: “Si no estás conmigo, estás contra mí…”.

Los hay también en las comunicaciones masivas, tanto en las convencionales cuanto en las redes sociales. Ahí se explayarán a sus anchas teniendo como colchón la imposibilidad de la respuesta y –en muchos casos– el anonimato. Luego el bullying hará su propio trabajo ex post.

En clase son fácilmente distinguibles. Su principal vicio es la soberbia, el sentirse predestinados por el señor para siempre ser la voz cantante. Contradice y se mofa del profesor, a pesar de estar en fase de aprendizaje. Sus mayores características: la ambición y la intolerancia.

Ya en la vida profesional destacan rápidamente y sienten el placer del conductor avezado cuando, excediendo la velocidad límite, van pasando uno a uno a los que consideran rezagados, a pesar de ser estos cumplidores de la ley. Cada vez que dejen a alguien en la cuneta, o que crean haberlo hecho, sentirán un enorme placer sensorial que llegará al éxtasis cuando se perciban, mirándose en el espejito, como el número uno en todo, en especial cuando su corifeo le cante odas y le mime con dulzor, convenciéndose de ser el top of de list…

Cuando llegan a la función pública o a la comunicación social, cada día será una admonición, cada expresión una sentencia, cada pensamiento una doctrina y, por cierto, inatacables e implacables a la crítica, al simple razonamiento. Y cuando alguien sencillo ose contradecirlo, será fulminado con los rayos que sancionen su ignorancia y la desfachatez de darle la contra al geniecillo.

Los geniecillos se aúpan entre sí, se miman entre sí, se arrullan entre sí. Es un gremio muy sólido. Tienen habilidad para reconocerse unos a otros. Son lobos de una manada con el mismo ADN que dominan a los corderos: los demás, los no geniecillos. Los geniecillos no creen en la democracia ni en la voluntad popular. Serán ellos la voluntad de Dios. Los geniecillos solo creen en su propio liderazgo personal. Los geniecillos no escuchan, solo hablan. Los geniecillos siempre andarán peleados con la verdadera democracia.

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