«NO ES LA ECONOMÍA, ¡ESTÚPIDOS!»

En 1992, George H. W. Bush papá, por sus éxi­tos en política exterior como en el fin de la Guerra Fría y ganador en el conflicto en el Golfo Pérsico, era fijo para llevarse la reelec­ción presidencial. Sin embargo, James Car­ville, gran estratega, como asesor de campaña de Bill Clinton, enfocó la campaña de este en un mensaje: “La economía, estúpido”, una frase que resultó tan efectiva que trastocó la tendencia de las preferencias previas y le dio la victoria a Clinton.

Haciendo un paralelo, hechos como los que siguen “no son la economía”. Así, el ministro Alonso Se­gura, el 9 de los corrien­tes, declaró a la prensa: “En las proyecciones del PBI del presente año no estaba incluido el pro­yecto Tía María”. ¡Qué aseveración tan infeliz! Una metida de pata tan similar como la tuvo su jefe en el caso de Conga, cuando este le sopló la pluma a la empresa in­versionista del proyecto.

Un nuevo candidato a la presidencia que se autodenomina outsider señala que hay que focalizar todos los esfuerzos hacia la clase media, de tal forma que el chorreo de parte de las grandes empresas llegue a los pobres. Además, advierte que el Estado está hasta las patas, pues fue diseñado en 1990 como deficitario continuo y no como tecnificado y optimista para brindar al país todo lo que gloriosa y eco­nómicamente posee.

Urresti, que quería vender carro y espadas para de­fenderse de sus juicios, o la expremier Jara, que no se enteró de nada (pañales y DINI, por ejemplo) o la mis­ma vicepresidenta actual, que espera en las sombras su oportunidad, son otros casos patéticos. Ni qué decir de ese figureti de las pizzas que cree que la elección y el gobernar el país son una especie de delivery a “vender” a través de los medios.

‘Siomy’ Lerner habla de traerse abajo el modelo pri­mario exportador debido a que, según él, está agotado. Y quiere trastocarlo a uno de tipo agroindustrial, sin considerar la enorme infraestructura que este sugiere en tiempo, trámites administrativos en la obtención de li­cencias, además del costo monetario.

Como vemos, se manosea la economía con números de dudosa calidad y supuestas obras de quienes poco sa­ben de la ingeniería de procesos.

¿No les basta con el actual presidente, que no ha hecho nada por resolver el problema de la inseguridad ciudada­na y encima ha ocasiona­do un enorme daño a la Bolsa de Lima y al sector minero? Esta Adminis­tración recurrentemente traslada su fracaso en gestión gubernamental a administraciones an­teriores y, sin entender el rol que le da la Car­ta Magna, ha asignado S/. 5,000 millones anua­les para asistencialismo sin hacer evaluación al­guna antes ni después de su aplicación, au­mentando el gasto enor­memente. Hay, de igual forma, dudas en cuanto a los megaproyectos tanto en su monto como en su factibilidad económica.

La verdad es que en las próximas elecciones nos espera una serie de cuentos chinos en lo que a economía se refie­re, la que está condicionada por la enorme injerencia de grupos que no admiten desarrollo y a los que no les caen medidas drásticas, porque se respaldan con las ONG y la CIDH. Encima, el país está lleno de droga, maleantes y una enorme corrupción. Allí está el “quid del asunto”.

Hay necesidad de un cambio de legislación que per­mita restablecer el orden, propendiendo a liquidar la delincuencia. Asimismo, los cuadros policiales deben ser ejemplo vivo de cumplimiento. Y, de hecho, morigerar la droga y la informalidad. ¡No es la economía, estúpidos! Ella es un factor definitivamente secundario.

Por Dennis Falvy. Tomado de la revista Velaverde.

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